En la escuela, ser diferente solía ser motivo de burla, y Natalia lo sabía muy bien. Sus cejas pobladas llamaban la atención en una época en que las cejas finas estaban de moda, lo que le valió el apodo de “Brezhnev”. Mientras otras se depilaban las cejas, Natalia se mantuvo fiel a sí misma. Años después, las cejas pobladas se pusieron de moda, y Natalia se hizo famosa como supermodelo, celebrada precisamente por el rasgo por el que la ridiculizaban.
Holly Burt tuvo una experiencia similar. A los 12 años, ya medía 1,85 m y le pusieron apodos como “Jirafa” y “Árbol”.
En lugar de dejarse ridiculizar, se mudó a Nueva York y aprovechó su altura. Se convirtió en una modelo exitosa, conocida por su imponente presencia.
Tanto Natalia como Holly demuestran cómo lo que una vez las convirtió en blancos se convirtió en su mayor fortaleza. Sus historias son un poderoso recordatorio de que nuestras diferencias pueden llevarnos al éxito, si aprendemos a aceptarlas.